La ópera musical transcurre en una calle de Nueva York de los años 40, años de posguerra. Se estrenó por primera vez en 1947 en Broadway, consiguiendo el Premio Tony a la mejor partitura.

Street Scene nace como obra teatral del dramaturgo americano Elmer Rice en 1929, obra de denuncia social que nos recuerda mucho a nuestra actualidad. Violencia de genero, desahucios, penurias.

Es obra difícil de clasificar en sentido estricto. Un crisol de estilos que va desde el teatro al musical, la danza y como no, la ópera. ¿Podría ser una representación análoga del “Melting Pot” (que diría Walt Whitman) de la sociedad americana? La América de la posguerra en los años 40 trajo consigo un gran número de inmigrantes europeos, con sus respectivas culturas, religiones, lenguas y costumbres. Este choque de culturas bajo el manto de una misma huída y el anhelo de un mismo propósito. La huída de la penuria y la hambruna en busca de una vida mejor, el anhelo; la felicidad y el amor.

Nueva York, una calle del Lower East Side, las luces de neón de la ciudad contrastan con el edificio de hierro destartalado, hostil testigo de la vida ruidosa de sus vecinos. Un calor asfixiante y vidas entrecruzadas. Los vecinos tienen que convivir mezclados, pared con pared. Representa el Nueva York de la época, judios, cristianos, ateos, anticapitalistas. La soledad entre la multitud, el deseo de encontrar ahí a un “mundo mejor” y la realidad que frustra el destino de los vecinos. La calle se convierte en un micro universo donde los muchos personajes van desgranando su historia. Los ojos del espectador no paran quietos, la acción está en el primer piso, en el cuarto, abajo en la acera. El Director de escena John Fulljames (actualmente director de la Ópera Real de Dinamarca), crea este universo en un único marco, donde las escenas ocurren cantadas y habladas, construyendo el argumento desde el primer momento.

Los niños juegan en la calle con plena libertad después del colegio, totalmente ajenos a la dureza de la vida de sus padres. La escenografía por Dick Bird nos recuerda a esas películas americanas de los años 40/50 en blanco y negro. Recrea una calle neoyorkina a la perfección, donde la vida ocurría más afuera que adentro. El matrimonio Maurrant, Frank y Anna, ésta última interpretada por la soprano estadounidense Patricia Racette, no pasan por su mejor momento, él es un hombre rudo, aficionado a la botella con un carácter amargado y agresivo. Ella es dulce y siente nostalgia por el pasado, aferrada a la felicidad y al amor, tiene un secreto a voces con el repartidor de leche.

El adulterio, los celos, el cotilleo, el maltrato se apoderan de la vida de estos personajes como si fuera el resultado de la desesperación y el aburrimiento. Rose hija de Anna Maurrant, enamorada de Sam Kaplan al que da vida el madrileño Joel Prieto. Joel estudió en Manhattan School of Music y continuó formándose en París. Sam es hijo de inmigrantes judios, estudia derecho como forma de buscarse un futuro  fuera del Lower East Side. Ve imposible la vida en la calle y sueña con marcharse junto a Rose. Dos historias de amor paralelas, diferentes generaciones y condiciones, una que ya desgastada hace estragos, otra que parece ser una historia de amor imposible. ¿Puede triunfar el amor en circunstancias de lucha por la supervivencia? El cotilleo de los vecinos cuando Anna Maurrant no está presente, es un edulcorante de la dura rutina. Todo el mundo sabe de la vida secreta de la señora Maurrant, todo el mundo está expectante cuando ella entra o sale.

Acompañándonos con ritmos de swing, jazz, blues, operísticos, el argumento se desarrolla apenas sin darnos cuenta, estamos sumidos en la trama, pareciera que nosotros somos vecinos del Lower East Side. Tim Murray, que no es ajeno al Teatro Real de Madrid pues ya estuvo en el verano de 2014 con Porgy and Bess, en la Dirección musical. Cuenta con una trayectoria amplia y heterogénea profesional. Estudió en la Universidad de Cambridge, en Royal College of Music de Londres y en el Tanglewood Music Center de Boston. Esa trayectoria se hace presente en Street Scene, el paso de movimientos más operísticos a ritmos más modernos hace de esta obra el ser única e inclasificable. “¿Ópera o Musical? Sencillamente, una obra maestra”: Joan Matabosch (Director Artístico del Teatro Real).

La apuesta del Teatro Real de Madrid por este tipo de obras nos complace enormemente. Acercar este arte al gran público y hacerlo de la mano de espectáculos tan amenos como este, donde la excelencia sigue teniendo cabida. Lo importante es el arte. Por su enorme complejidad Street Scene no deja a nadie indiferente. Podríamos discutir sobre “gustos” pero no sobre la calidad de la obra. ¿Por qué no una Ópera moderna que evoque ritmos de jazz, blues, que fueron tan importantes en la historia de la música y del arte? Tiene elementos trágicos, cómicos, triángulos amorosos, en definitiva lo tiene todo. Por fin, en Madrid un espectáculo musical a la altura de Broadway o el West End londinense.

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